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UN CORAZÓN NORMAL

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Nunca serán suficientes las voces denunciantes, ni las lágrimas derramadas, ni los esfuerzos por luchar contra la discriminación, ni las campañas agitadoras…. Nunca serán suficientes en un mundo donde a base de darnos golpes contra la pared acabamos haciendo callo en nuestros sentidos más elementales. Según los datos aportados por el Ministerio de Sanidad en diciembre de 2015, los contagios de VIH en nuestro país están repuntando a un ritmo de unas diez infecciones por día. Por eso, entre otros motivos, es tan necesaria en estos momento una obra como “Un Corazón Normal”

Basado en el texto que escribiera en 1985 Larry Kramer, se presenta este montaje en la Sala Azarte de Madrid bajo la dirección de Jesús Amate. Y lo hace con un montaje a cara lavada, sin artificios ni grandilocuencias (perfecto el vestuario, que inmediatamente y en todo momento sitúa al espectador en aquellos recién estrenados ochenta), donde todo el peso descansa en el trabajo de los nueve intérpretes que se desenvuelven y defienden en esta crónica de los primeros brotes de la enfermedad en Nueva York.

Destaca César Oliver encarnado a Need Weeks, activista gay que luchó apasionadamente para que desde todos los estamentos se trabajara contra  aquella enfermedad por entonces desconocida. César capta perfectamente la ira de este hombre que no soportaba la ceguera impuesta a su alrededor y lo hace inundando el escenario de un fervor que no sabes en qué momento te puede arrollar pero desde luego hace que todos los sentidos del espectador permanezcan atentos. Y su pasión te llega, te traspasa, te conmueve porque como alumnos aventajados, nosotros conocemos cómo fue el después de todos aquellos personajes. Y sentimos el miedo, la impotencia, el dolor… aunque en esta batalla también se permite regalarnos su humor. Aquí hojeamos el catálogo de los arquetipos sociales en una época de generalizaciones simplistas en la que, bajo el paraguas arcoiris, laten tantos corazones individuales como sensibilidades y respuestas a los interrogantes eternos: vida, muerte, miedo, asertividad, honor, fama, triunfo… El abanico de tipos es brillante y logrado, los actores son convincentes, con un entusiasmo de quizás excesiva agresividad en voz y gestos. La tensión insulta al espectador con eficacia, con la misma desesperación con la que aquella época tan reciente vivió el desconcierto ante un monstruo que mansamente se coló en los lechos disfrazado de arcadias y paraísos posibles.

No podemos olvidar que estamos ante un montaje del “off” madrileño con lo que ello significa, sus pros (la cercanía te hace vivir intensamente cualquier sentimiento) y sus contras (humildad escénica), pero desde luego hay que dar la enhorabuena, en este trabajo coral, a todos y cada uno de los actores por aportar con su naturalidad la frescura necesaria para sentir cercanos a los personajes y por supuesto a su director, bordador de mandalas escénicos que pintan nuestra mirada con cada función.

Pero, sobre todo, es muy loable la labor de reconocimiento hacia aquellos hombres y mujeres que supieron alzarse con dignidad cuando todo era oscuridad a su alrededor. En este año de celebraciones cervantinas no cabe sino destacar la entrega y la lucha de estos modernos caballeros que se enfrentaban contra un gigante que todavía hoy, en pleno siglo XXI, sigue arrasando con millones de vidas. Porque cuando nadie quiere ya mirar, o prefiere hacerlo hacia otro lado, se necesitan montajes como éste que nos presenta El Bucle Teatro, para hacernos comprender que las enfermedades no entienden de preferencias sexuales y tú, yo o la vecina de enfrente no somos unos simples espectadores con un “corazón normal”.

SALA AZARTE

Dirección: Jesús Amate

Intérpretes: César Oliver, Amaya Halcón, Diego Santo Tomás, Pelayo Rocal, Juan Silvestre, David Simón, Igor Estévez, José Guélez y Toño Balach

Iluminación y Sonido: Matyssa Pérez