Hay títulos narrativos, que sugieren procesos, que prometen experiencias fatales. Aquí, aguardábamos a un personaje entronizado en un Walhalla de raíz germánica. Aquí se esperan frases dramáticas, subidas y descensos, redención y condenación, toques sublimes, trascendencia universal. Aquí se presuponían acordes de Gounod o Wagner, planos de Visconti o Wilder y el aliento poético de Marlowe o Goethe, en la mejor tradición centroeuropea (Götterdammerung). Ante un título de tal solemnidad sólo cabía esperar… todo.
Valoramos el esfuerzo de adaptar este proyecto a un espacio mágico en el que en su virtud está su pecado: la cercanía, la proximidad, la intimidad sincera con la que el mensaje ha de llegar al público. El mensaje, claro, ha de existir. La dirección escénica debe adaptarse a las limitaciones y potencialidades de dicho espacio.
El texto no consigue empaparnos de universalidad; se queda en una sucesión capitular de momentos anecdóticos con su dosis ultraterrena, con toques de consumo cañí, con una mezcla de finanzas, deportes, actualidad, Ibex35 y prensa hepática como eficaz antídoto ante la supuesta majestad de personajes y narración. La individualidad carece de rasgos épicos y dramáticos y no atrapa el interés, a pesar de esas dos primeras escenas de planteamiento tan prometedor, de apuestas tan simbólicas y atractivas.
Resaltamos la calidad interpretativa de Nerea Moreno y Roco Marín, ya aplaudidas en la escena madrileña. Su voz suena poderosa, su vibración es eficaz, sus miradas transmiten y ligan este gazpacho a pie de pista que sospechamos va a producir efectos dispares : Desde nutrir a los afines a Antonio Rojano hasta quedarse como un refresco de verano, satisfactorio pero ligeramente diluido para el resto de exigenciasAutor: Antonio Rojano
Director: Victor Velasco
Elenco: Nerea Moreno y Rocío Marín
Teatro: LA PENSIÓN DE LAS PULGAS
