Tirso no es mal arquitecto; conoce el alma humana, sus recovecos, y le gusta jugar con universos de deseos y con algo tan barroco como las apariencias. Sabe tejer tramas de relaciones, de intereses.
«El Pretendiente al revés» no es su ópera prima ni su prima ópera. A Tirso le encantaban los dramas de palacio con enredos amorosos y expone los límites del poder con respecto a las pasiones. Se arriesga a presentar un marido (noble), casado sin amor, enamorado de otra mujer (noble también). En su afán de autodefensa, los sitúa en cortes extranjeras y, sacerdote él, guarda muy bien su sotana para no salpicarla con chaparrones tan mesetarios y asesinos como caen por aquí. Un gobernante no puede permitirse (enseñanza para el pueblo) anteponer sus deseos al orden establecido. Como un sol, su poder ilumina a los súbditos, quienes toman por modelo su actuación. Igualmente, se recomienda (segunda enseñanza) el matrimonio libre, público y por amor.
En una de las escasas representaciones de esta obra, José Maya nos trae a su Compañía (aún nos enamora el recuerdo de «La Mujer por Fuerza», misma sala, similar elenco). Tras haber disfrutado de un ensayo abierto, se captan mejor las sutilezas, los guiños, la inteligencia y la sabiduría de este montaje de vínculos complicados y artificiosos, de estos artesanos vocacionales, preciosistas en el gesto y la palabra, alquimistas del silencio y la expresión. Se han de dar muchos aplausos: al empeño por resucitar con dignidad nuestro pasado, nuestros cimientos, actualizando mensajes nada caducos; a esa entrega convencida a un arte ingrato pero gratificante; a esa comunicación, dentro y fuera, con el público; a ese loable empecinamiento en enriquecer un panorama teatral que, aunque rico y variado, siempre admite más oro entre tantos brillos efectistas. Se deben mencionar detalles de calidad conmovedora: música, iluminación, vestuario y joyería exquisitos, espacio escénico de austeridad conceptista y eficacia rotunda y la dirección de José Maya que, tras haber masticado mucho Siglo de Oro, nos sirve, una vez más, otra mesa pensada para paladares refinados, con un servicio de sala profesional y vocacional (este reparto está, de nuevo, para comérselo).
Aunque con manjares desusados y preparaciones ya perdidas, el banquete, a pesar de tanto juego de platos y tanto ruido de cubiertos, sigue atrayendo con esa máxima tan familiar: «enseñar deleitando».
FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA:
Duque de Bretaña – José Maya
Leonora, su esposa – Alicia González
Sirena, Marquesa de Belvalle – Eliana Sánchez
Carlos, primo de Sirena – José Bustos
Ludovico/Niso/Floro – José Troncoso
Tirso/músico – Tony Madigan
Música – Tony Madigan
Iluminación – José Miguel López Sáez
Vestuario – Miguel Ángel Millán
Producción ejecutiva – Arte-Factor
Distribución – Arte-Factor
Versión y Dirección – José Maya
TEATRO FERNÁN GÓMEZ
