PROYECTO HOMERO (LA ILIADA Y LA ODISEA)
Versiones de Guillem Clua y Alberto Conejero
Crónica de Sara Barceló
Proyecto Homero es un proyecto conjunto de adaptadores de calidad, director competente , actores muy buenos y el resto de este gran equipo. Esto transmite un sentido de unidad importante para el desarrollo y comprensión de las obras.
La Ilíada, en primer lugar, pues es así cronológicamente y en escena, consigue con gran maestría ponernos en la piel de aquellos héroes clásicos míticos o reales que viven , sufren y gozan como nosotros. Los contenidos de este increíble poema son transmitidos a través del tiempo, 2800 años aproximadamente, hasta nosotros con toda su intensidad y verdad. Eso ya de por sí es una proeza increíble que debemos agradecer tanto a Homero como a este magnífico grupo de verdaderamente profundos artistas.
Si vamos por partes, cabe destacar la intensidad magistral de algunas escenas clave en el desarrollo de la historia. Soy consciente de que cada uno se identifica con más fuerza con una u otra escena y que hay elementos que son más significativos para unos que para otros. Hecha esta salvedad, la escena para mi fundamental es en la que Príamo suplica a Aquiles le sea devuelto el cadáver desfigurado de su hijo para poder enterrarlo o incinerarlo, para poder honrarlo en definitiva. Entiendo que esta escena de profundo alcance resume la lectura que Guillem Clua realiza del texto de Homero.
Ya no nos importan los héroes como en la antigüedad, ahora la humanidad en su avanzar por la historia , lo que verdaderamente venera es la piedad, entendida ésta no como un gesto de arrogante generosidad ante el que suplica, sino como un gesto de compasión en su auténtico sentido etimológico: sentir con el otro. Por fin Aquiles es capaz de comprender el dolor de Príamo y accede a devolver el cadáver. Y los dos hombres se funden en un abrazo en el que hermanan sus sentimientos. Ése es el verdadero héroe hoy día, nos dice Clua, y ese mensaje que ha viajado a través de 2800 años es válido hoy también, por encima del concepto del héroe que realiza proezas.
La escena se abre con un canto a la libertad, a la verdad. Son los dos temas que se manejan todo el tiempo. Y se cierra sin que la historia termine. Pero detrás de las luchas personales, los odios y los amores están esas acertadas imágenes de nuestras ciudades destruidas por la guerra, las que estamos acostumbrados a ver continuamente en los medios. Y casi sin palabras comprendemos que la piedad y la compasión están por encima de la destrucción y el odio, entonces y ahora. Y ¿cómo se llega a participar de esto? Se logra con el magnífico trabajo de este grupo, empezando por la adaptación, pasando por la dirección y terminando con los actores y el resto de un equipo entregado.
Hay innumerables logros que trascienden el texto para arrastrarnos dentro del mundo del arte dramático, del espejo puesto frente al mundo, de contarnos nuestra historia desde otro ángulo. Los recursos escénicos son magistrales. Es muy difícil narrar en escena, pero lo logran con una agilidad y un dinamismo increíbles. Es un acierto que las luchas personales se narren por cada uno de los personajes que participan y que con la ayuda de esa tercera persona que les sostiene y les levanta en el aire, se creen escenas de una enorme belleza plástica que nos permiten comprender el alcance de esos odios y rencores sin que la lucha propiamente dicha se escenifique al modo convencional. Es la labor de actores y director que manejan el arte dramático en todos sus recursos más insospechados. Por medio de una escenificación de hora y media podemos compartir todo un mundo muy antiguo y todo lo que también es válido de ese mundo para nosotros hoy en día.
La Odisea se abre con la narración, ineludible una vez más, que en este caso se hace un tanto larga y lenta. Es cierto que el texto no ofrece las posibilidades de las luchas y los odios de la Ilíada, y que las aventuras de Odiseo no tienen la gran pasión de la cólera del pélida Aquiles.
Los recursos escénicos muy acertados, como el continuo remar de los compañeros de Ulises con agua imaginada por los juegos de luces, le dan cierta agilidad y sobre todo son también de gran belleza estética . Pero el acoso de la pobre Penélope ( que ya aparecía tejiendo en silencio en la obra anterior como lazo de unión ), los compañeros convertidos en cerdos, las ovejas y vacas que les ayudan a escapar, incluso la magnífica interpretación de los cantos de las sirenas, todo ello grandes recursos dramáticos muy bien utilizados, no tienen el alcance de la historia de Aquiles y sus allegados.
Por eso quizá Conejero ha elegido al final soslayar la historia de Ulises que acaba con su regreso a Itaca y la muerte de sus enemigos, y terminar la aventura con el comienzo del viaje de Telémaco que siempre ha sido “el hijo de Ulises” para que ahora Ulises se convierta en “el padre de Telémaco” y así abrir una nueva metáfora sobre el significado del viaje y en un precioso discurso contarnos cómo, entonces y ahora, el viaje físico va acompañado de un viaje interior. Y la búsqueda que emprende Telémaco es paralela a la que emprendió su padre anteriormente, pero Telémaco ( y esto entiendo que es aportación de Conejero), nos transmite su necesidad de entender su vida y comprende por fin que el sentido no está en ningún logro , sino en el viaje mismo.
Una vez más y en conexión con las imágenes que se proyectan en la Ilíada, la última frase “dedicado a todos los náufragos del mar Mediterraneo “ que aparece en la pantalla del fondo, nos vuelve a traer a la realidad actual de tantas vidas perdidas últimamente en nuestro mar. Y paralelamente podría incluir una alusión a los naufragios interiores de cada uno.
Ha sido una tarde magnífica e intensa y con todas estas salvedades que son totalmente personales, hay que decir que los contenidos remueven el interior de nuestras almas . Y esto lo consiguen con un gran dominio y conocimiento de las artes escénicas. Vaya toda mi admiración para este grupo de personas.
Reparto
Javier Ariano
Cristina Bertol
Katia Borlado
Alejandro Chaparro
Juan Frendsa
Víctor de la Fuente
Cristina Gallego
Jota Haya
Carmen Ibeas
Samy Khalil
Jesús Lavi
Juan Carlos Pertusa
Álvaro Quintana
María Romero
Álex Villazán
Dirección
José Luis Arellano
Dirección artística
David R. Peralto
Iluminación
Juanjo Llorens (AAI)
Escenografía y vestuario
Silvia de Marta
Música coral
Josep Vila
Música y espacio sonoro
Mariano Marín
Videoescena
Álvaro Luna (AAI) y Elvira R. Zurita
Coreografías
Andoni Larrabeiti
Duración: 1h 30 m. cada obra.
TEATRO CONDE DUQUE


