RASGAR LA TIERRA
(Reseña de Yolanda García)
Una casa de cultura en un pueblo perdido y tres personajes. Dos de ellos, amigos desde la infancia, vieron cumplido su sueño de trabajar allí hace muchos años. El tercero es un hombre que colabora, de manera altruista, para entretener a los niños así como en la organización del gran evento: el festival anual.
En esta plácida atmósfera se desarrolla un universo de mentiras, envidia, competitividad y miserias humanas.
La obra transcurre en el despacho donde trabajan los dos compañeros, en un ambiente sencillo y cordial entre los amigos. Uno de ellos tiene problemas con su expareja y madre de su hijo, los afronta a duras penas ayudado por la bebida y su compañero es su apoyo. Recientemente, han despedido al resto de los trabajadores, están cerrando centros y en la casa de cultura sólo quedan ellos dos. El conflicto surge ante un tercer hombre que entra en el juego y el constante temor a perder el trabajo.
Miró es capaz de mostrarnos la cara oculta del hombre, cómo la fachada amable se tronca en una mueca macabra y los principios éticos son arrojados al contenedor más cercano. Los tres personajes tienen sus demonios que descubriremos poco a poco a través de la ventana que nos abre el autor y nos permite ver más allá de lo que nos muestran cuando se saben observados.
Rasgar la tierra trata también del pasado, de nuestros errores, de la posibilidad del arrepentimiento, del perdón, de continuar viviendo.
La dirección es ágil, cercana y con una puesta en escena muy original; por ejemplo, en el modo de incluir los fragmentos del pasado.
Los actores realizan un trabajo fantástico, con una gran naturalidad. Destaca Manuel Varela en sus diferentes registros.
Pueden resultar algo artificial un par de monólogos en los cuales el actor, de cara al público, da la espalda a los otros personajes a los cuales van dirigidos. Un aspecto que puede cansar al público es el exceso de repeticiones (una palabra, una frase corta); resulta redundante a pesar de que supongo que su intención es dar una mayor fuerza y dinamismo a la idea.
En conclusión, se trata de una obra muy interesante y crítica con el trasfondo del ser humano. Se lleva a escena con encantadora sencillez, reflejo de la aparente inocencia de sus personajes. El espectador observa, como un pequeño espía, la naturaleza oculta de su vecino.
Autor y dramaturgia – Josep María Miró
Dirección – Jorge Muñoz
Reparto – Manuel Varela, Chechu Moltó y Joaquín Mollà
Producción – Criadero de Morsas
