DOS TRONOS, DOS REINAS
Autoría
Pepe Cibrián
Dirección
Nicolás Perez Costa
Producción
El tío Caracoles, Rocamboleska e IFAM
Duelo a muerte.
En el tablero de ajedrez europeo, las grandes potencias históricamente plantean sus estrategias mediante alianzas económicas, políticas, matrimoniales, militares y, por supuesto, a través de la guerra. En el convulso siglo XVI dos dinastías, Tudor y Estuardo, se enfrentan en la Gran Bretaña. Ésta tiene garantizada su continuidad con Jacobo I; aquélla, ante la ausencia de descendientes directos de su “Reina virgen”, ve la unificación de las coronas de Escocia e Inglaterra como una inevitable y deseable conclusión del conflicto.
En este duelo escénico se narra la extraña relación entre las “queridas primas” Isabel de Inglaterra y María de Escocia. María Tudor huye de las revueltas protestantes en su reino y pide refugio a su familiar Isabel, que inicialmente la acoge, la recluye, la juzga y finalmente la ejecuta tras una prolongada serie de elaborados montajes y mentiras. Ambas defendieron sus posiciones en aras de la supervivencia propia y de sus principios. El texto de Pepe Cibrián surge del conocimiento y el trabajo con la documentación histórica. Con espíritu episódico marcado por la iluminación y los “espacios sonoros”, se recorren pasajes con alusiones a las pasiones de ambas, la Gran armada, las casket letters, la religión anglicana y su relación con Roma, el renacentista concepto de la trascendencia y la herencia, sus respectivas familias, especialmente Enrique VIII y su peculiar relación con sus esposas, etc. El guión está concebido con unos muy clásicos pies internos y rima asonante, que acentúan la contradanza de ambas mientras se atacan politely, pero inmisericordes. El texto es ingenioso, sutil y chispeante en sus antítesis y sugerencias elocuentes de las flaquezas recíprocas con humor, una poderosa arma en la lengua de estas depredadoras.
Nacho Guerreros y Nicolás Pérez Costa encarnan a las dos protagonistas de este largo diálogo con sabia y clara dicción de la palabra, expresividad y autoridad. Sus gestos, acento, ritmo y entonación constituyen un manifiesto de vocación y logros escénicos
La escenografía es simple: tres tronos anacrónicos y visillos de fondo. La iluminación colabora con las transiciones con cambios bruscos y tonalidades en ocasiones exóticas. El vestuario de Rubén Díaz se basa libremente en la iconografía de la época, cubre de negro a la católica María y sobrecarga los atuendos de toda la bisutería disponible. El maquillaje y la peluquería de Patricia Yepes acentúan la palidez de la realeza y con sus excesos ayudan a la distancia dramática con el espectador.
Nicolás Pérez Costa dirige esta gran lección de teatro en la que la ilusión escénica, la empatía y la transmisión eficaz del conflicto llenan el escenario con la presencia de dos grandes intérpretes.
Lo mejor:
El inteligente y elegante guión, sembrado de ingenio, junto con las interpretaciones.
Lo peor:
La iluminación y algunas imprecisiones en mobiliario y aderezos.
Reparto:
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