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LA BAYADERA

Fotografía de Nacho Arias

Muy lejano oriente.

    Kalidasa, poeta hindú de quince siglos cumplidos, escribió, entre muchas otras obras, Sakúntalâ y La carretilla de arcilla, en las que se basa La Bayadera. La historia se desarrolla en una India de características lejanamente míticas y presenta un triángulo amoroso en el que Solor, un noble guerrero, es amado por Nikiya, bayadera del templo y por Gamzati, hija del Rajá. Frecuentemente atacada por presentar lo que en opinión de algunos es una realidad folclóricamente idealizada y deformada del país, se encumbra en la cúspide de la danza por su exigencia técnica y por los nombres que la han consagrado a lo largo de la historia, Nureyev incluido. Ludwig Minkus firmó la partitura inicial. Su estreno absoluto tuvo lugar en 1877 en el Bolshoi de San Petersburgo por parte del Ballet Imperial. En 2008 ya había visitado las tablas del Teatro Real y, tras la fallida intentona pandémica en 2020, culmina la programación balletística del coso madrileño.

   Se reconstruyen pasajes perdidos, especialmente el acto final y partes de la música y la coreografía. Patrice Bart se ocupa de esta nueva producción que se inspira en la experiencia previa del montaje clásico de Marius Petipa.  En dos actos y seis escenas se aprecia la prevalencia del carácter de cuento de hadas original y la fascinación por los relatos exóticos herencia de un romanticismo orientalista que nunca llegó a extinguirse en la cultura occidental.

   Laurent Hilaire la bailó con Nuréyev con una producción diferente y ahora asume esta apuesta desde la dirección artística del Bayerisches Staatsballet, que ya la hubo estrenado en 1998. Kevin Rhodes dirige la Orquesta Sinfónica de Madrid, Titular del Teatro Real con enérgica batuta y calidad. La escenografía y el vestuario son obra de Tomio Mohri, que manifiesta su gusto por los aspectos más evidentemente visuales y gráficos de su cultura japonesa natal. La iluminación, frágil y sutil, se debe a Maurizio Montobbio.

   Con un triple reparto se completan los elencos de las cinco funciones programadas. La extrema exigencia técnica es evidente, especialmente en lo que concierne al papel de Nikiya, personaje con una difícil evolución, y a las escenas corales con la necesidad de un cuerpo de baile numeroso, solvente y bien compactado. En general, las protagonistas del elenco (espléndidas Maria Baranova y Madison Young) brillan a mayor altura que, por ejemplo, Osiel Gouneo en el papel de Solor, cuya propia arquitectura física no facilita alardes.

   Propuesta exigente, supone una magnífica ocasión para disfrutar de esta rareza exquisita que por sus extraordinarias características de producción, pocas compañías pueden representar con calidad y dignidad.

Lo mejor:

 Los deslumbrantes decorados y los aspectos visuales en general.

Lo peor:

 Excesos de cabalgata circense en vestuario y carrozas.

 

 

Música de Ludwig Minkus (1826–1917) con adaptación de Maria Babanina

Libreto de Marius Petipa y Serguéi Khudekov

Estrenada en el Teatro Imperial Bolshói Kámenny el 4 de febrero de 1877

Estenada en el Teatro Real el 4 de septiembre de 2008


Coreografía: Patrice Bart

Coreografía original: Marius Petipa

Escenografía y vestuario: Tomio Mohri

Iluminación: Maurizio Montobbio

Realización de vestuario: Kumiko Sakurai

Dirección de orquesta: Kevin Rhodes

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