La rosa del azafrán
Libreto de
Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw
Dirección musical
José María Moreno
Dirección de escena
Ignacio García
¡Qué trabajos nos manda el Señor!
Hace casi un siglo Jacinto Guerrero firmó “La rosa del azafrán”, con texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw. Dos décadas tras su última representación en La Zarzuela, retorna a su escenario con una programación de 14 funciones.
Obra inserta en el estilo pretendidamente “fácil” del autor, compendia usos y costumbres de la España rural en un variado fresco de personajes cuya raíz última llega hasta Lope de Vega que, con su “perro del hortelano”, definió a quien ni come ni deja comer. Su localismo castizo y universal se centra en La Mancha y se recurre a todo un despliegue de atuendos, caracterizaciones y vocabulario específico como materia prima de juegos de palabras y dobles sentidos. Ignacio García, como director de escena, no ignora la vinculación con mitos y símbolos manchegos y los muestra explícitamente en el costumbrismo de su diseño, envoltorio de valores como la nobleza de las gentes y su trabajo. Las referencias a su mejor embajador, Cervantes, empapan la sequedad del paisaje.
José María Moreno y Antonio Fauró logran compactar, respectivamente, los sonidos de la ORCAM y las voces del Coro Titular en momentos ya esenciales de la memoria e identidad colectivas del país. El numeroso reparto integra actores de profesión mayoritaria (excelentes Mario Gas, Vicky Peña, Ángel Ruiz o Emilio Gavira, con voces ya maduradas también en lo melódico), y cantantes (potente y dignísimo Juan Jesús Rodríguez). Se incorpora a la versión original la figura que encarna Elena Aranoa, evocadora en su aportación de momentos de profundidad poética dentro de su investigación en el ámbito de lo popular. Sara Cano rubrica la coreografía con escenas de riqueza visual y complemento de la intensidad dramática y narrativa.
La escenografía de Nicolás Boni, previsible, hace uso de las nuevas tecnologías para, sin molestar ni romper la armonía, componer un catálogo visual acorde con el dónde y el cuándo de lo que se está contando.
Historia de amor convencional, respeta las reglas de clase y posición de la época y sirve de abrigo para romanzas y coros indelebles ante el paso del tiempo con humor, jergas, personajes arquetípicos y alusiones muy políticamente incorrectas en nuestra actualidad.
Lo mejor:
La rica globalidad musical y escénica del resultado.
Lo peor:
El ritmo trepidante.
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