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LADY ANNE

Texto
Inma Nieto

Dirección
Inma Nieto

Producción
ElenaArtesEscénicas | Las hijas de Eva

Fotografía de Nacho Arias

La alargada sombra de Shakespeare en sus víctimas.

   Ricardo III engrosa la lista de monarcas ingleses rescatados por Shakespeare a través de sus obras. La distancia temporal otorgaba ciertas seguridades en una época, la isabelina, en la que no se podía herir la susceptibilidad real. Reyes remotos, con todos sus defectos, servían para acentuar las virtudes y el brillo de la corte inglesa en un marco de propaganda que garantizara la supervivencia y asentara el cuestionable derecho divino al trono y los vaivenes que las guerras y las sucesivas sucesiones causaban a las distintas dinastías.

   Cuando aún no se han apagado los ecos de “Casting Lear” en el Teatro de La Abadía, recala a sus orillas este “Lady Anne”. Los ricos personajes patológicos dan mucho juego en el tablero escénico. Ricardo III, epítome de malignidades, altera comportamientos y contamina todo lo que toca. Lady Anne, a pesar del poco peso cuantitativo que tienen sus intervenciones en la obra original, se erige en un personaje marcado por su destino que inexorablemente la maneja y manipula caracteres, decisiones y libertad.

   Una actriz (Elisabet Gelabert) emprende un diálogo monologado y comienza a desgranar rasgos de su conflictiva personalidad al llegar a la sala donde se ensaya a Shakespeare. Aparece la figura de quien asume la dirección (Inma Nieto) y empieza el juego de poder con rasgos de dominio y sumisión sadomasoquistas. El manido juego de teatro dentro del teatro transporta a la inmersión en identidades ajenas y al intercambio de personalidades a través de la ficción en una especie de constelación sanadora.

    Inma Nieto actúa y dirige este montaje de espartana escenografía, con vestuario prosaicamente contemporáneo y medios austeros pero eficaces respecto a los aspectos técnicos de iluminación y sonido. Nada pretende distraer de las interpretaciones y el texto, con la solemnidad de su origen, se yergue en protagonista. Dos grandes actuaciones que maniobran para reconducir un guion que reinterpreta al personaje en clave de empoderamineto. Queda incorporada la inevitable reinvención de la femineidad de la protagonista con toques feministas que redimen su proverbial e hipnótica pasividad. A diferencia de Lady Macbeth, el camino recorrido en este montaje es mucho más distante del origen, aunque la enormidad de los hechos causantes sí pueda parecer equiparable. Lo excesivo y repetitivo de este ensayo llega a parecer cómico y se muestran las igualmente ya tópicas ruptura de la cuarta pared, miradas al público, uso inadecuado del “que” conjuntivo, cámara en directo y huida por el backstage. 

   El didactismo pragmático de Shakespeare queda patente en este montaje dirigido a toda la sociedad. Hay estratos en la pirámide del poder que son intocables y en este aviso a todos así queda manifiesto. Dos excelentes actrices se sumergen en esta estrategia de identidades a través de la ilusión teatral. El sentido del teatro, el porqué de Shakespeare en la actualidad y la figura de la mujer en la escena son elementos básicos de este espectáculo construido sobre un personaje acallado pero lleno de matices. Una buena clase de teatro.

Lo mejor:

Las interpretaciones dentro de la poderosa poética de Shakespeare.

Lo peor:

La poca originalidad de la propuesta.


Intérpretes
:

Elisabet Gelabert, Inma Nieto

Asistencia a dirección

Carla Cabané

Iluminación: 

Pedro Yagüe

Vestuario:

Nuria Martínez

Espacio sonoro: 

Javier Almela

Audiovisuales

Jesús Díaz Morcillo


Diseño gráfico
:

Alexandru Stanciu

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