Mentiras delgadas o un juzgado de cuplé.
Autoría y dirección
Enrique Viana
Loco mundo cruel.
Una diva se retira al campo y, desde la tranquilidad de su aislamiento castellano, afronta el reto de comparecer en respuesta a requerimientos del banco, la Agencia Tributaria y la Justicia. Con estos mimbres se tejen los cestos del actual espectáculo de Enrique Viana, que no presenta grandes novedades respecto a los anteriores.
Acompañado de Miguel Huertas al piano, tras el disparatado planteamiento argumental, va desgranando cuplés y zarzuelas en un recorrido por piezas que merecieron un rescate tiempo ha. En esta obra de contrastes delirantes, convive con una vaca agorafóbica, bautiza hormigas, acompaña el polvo y el hierro castellanos con un baño de lentejuelas y entabla un diálogo de nulo recorrido con autoridades sugeridas a golpe de teclado. El formato de teatro musical le va bien a este tenor de cabecera que calladamente arrastra masas de seguidores en sus contadas actuaciones. Tiene preparada ya su siguiente propuesta: “FC. Un café en el pulgatorio” con otro argumento que promete inconexas alucinaciones: dos cantantes recién fallecidas esperan en la sala de espera del pulgatorio (por pulgar) su destino. De nuevo, canciones, cantantes retiradas y el mundo de la escena.
La escenografía es sumamente sencilla: un jardín con pasado, una mesa de cocina y un espacio marcado por la luz que sirven para practicar saltos en un tiempo que linealmente nunca se ha interrumpido. El vestuario y las caracterizaciones son adecuados, en ocasiones con tipismo costumbrista. En la narración de todo lo que sucede (y sucede mucho) se recurre a muchos tópicos y sin necesidad se fuerza la corriente de credibilidad que la tensión dramática desplaza a territorios tal vez no deseados: la acumulación de sedimentos excesivos de imágenes, personajes, situaciones e ideas suena una vez más a lo mismo, recurrente y repetitivo.
Lo mejor:
El humor tierno y elegante
Lo peor:
Un cierto sentido de repetición.
Enrique Viana, tenor
Miguel Huertas, piano
Iluminación: José Manuel Guerra
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