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SILENCIADOS

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      El silencio no es la ausencia de sonido; es un ente en sí mismo. El silencio puede ser estímulo, elocuencia, búsqueda y hallazgo; pero cuando es impuesto, el placer se disuelve. Los participios inquietan ante su absoluto desprecio de la voluntad del sujeto paciente; en esta propuesta alguien ha sido callado; su libertad queda mutilada; su expresión no cuenta.

    Gustavo del Río, director y actor, apuesta fuerte dotando de existencia, con distintos lenguajes, a esa pluralidad sometida. Hay mucha expresión corporal, mucho “sound and fury”, poco texto innecesario y mucho uso de técnicas expresionistas para dotar de forma a un contenido incontestablemente sincero. En el escenario hay una desnudez esencial, un desvalimiento y una inocencia infantiles. Con narración fragmentaria se logra un gran fresco de alcance universal. No es una obra de tesis ni contiene giros inesperados; todo es conocido y asumido desde el comienzo: las fechas y los nombres indican un final temido y ya pasado del que nuestra amnesia es cómplice. Con acentos diversos se nos acusa por acción y omisión de crueldad totalitaria, de ahogar la riqueza de la diversidad y tolerar desmanes.

    Todo en la creación de esta obra pertenece a un mismo engranaje que habla por sí solo. La iluminación no aparece como simple fondo, sino como personaje de la obra, que acompañado de músicas sugerentes, hallazgos estéticos y movimientos espaciales, dota de una notable tensión dramática al conjunto, que revela una técnica muy trabajada y dirigida. Seguramente al espectador le atraparán más unas historias que otras, ya que se observan diferencias a la hora de transmitir el mismo mensaje y quizás es ahí donde se puede ver un punto débil en este montaje, pero es indiscutible la fuerza con la que se percibe este alegato contra el poder y su ejercicio intolerante. Se precisan, y se encuentran, interpretaciones contundentes que nos hacen vibrar y sufrir de emoción, aunque en este ejercicio coral se han de destacar la rotundidad y evolución escénicas de Juan Caballero, convincente en todas sus facetas.

    Tras tanta eficacia creativa y tanto esfuerzo colectivo, queda el silencio de la obra consumada, las cenizas de tanto dolor acallado, el zumbido de tantas voces dormidas. Apuestas así son necesarias para, a través de la belleza del compromiso, levantar la pesada losa del polvo de la historia y dar voz a los silenciados del mundo.

 

IDEA Y DIRECCIÓN
Gustavo del Río

REPARTO
Juan Caballero
Pedro Martín
Gustavo del Río
Jonatan Fernández
Nicolás Gaude

SUDHUM TEATRO

NAVE 73