EL BURLADOR DE SEVILLA
Direcció y versión
Xavier Alberti
Dramaturgia
Albert Arribás
Coproducción
CNTC Y Grec 2022
El deseo como imperio: la obsesión por la conquista.
Enmarcado en uno de los ejes temáticos de la programación de la CNTC de esta temporada (el otro es “La vida es sueño”), surge este montaje versionado y dirigido por Xavier Albertí y basado en el texto, supuestamente, de Tirso de Molina, uno de los pilares del, tal vez, mito más productivo de la cultura española. En nuestro imaginario pesan mucho otras versiones (Mozart, Moliére, Lord Byron, Zorrilla…) que han enriquecido (o deformado) los matices del personaje original.
Esta obra es revolucionaria en muchos aspectos: desde que un fraile mercedario escribiera ardientemente sobre un deseo tan carnal, hasta que se hable de la mujer y su sexualidad como arma dependiendo de quién haga uso o se beneficie de la misma. El matiz político en lo que respecta a la legalidad impuesta y su ruptura planea sobre todo este siglo XVII en el que se sitúa. El rey desearía ser un labriego y desprenderse de la carga de vidas y haciendas de unos súbditos que ya cobran conciencia de su papel en el nuevo sistema que se está gestando con nuevas concreciones morales, éticas y de poder.
Se han suprimido algunos personajes para aligerar la duración y también para concentrar los hilos argumental y temático. La escenografía es de suma simplicidad, con una mesa giratoria que igual sirve para un banquete, altar, tálamo o sepulcro. La monocromía se impone en este montaje con cambios de escenario no siempre bien explicados. El vestuario (monocromo también) y la caracterización parecen abundar en la idea de obra interior en la que los alardes externos se eliminan y se alcanza un entorno en blanco y mucho negro que puede provocar confusión. La iluminación sí resulta excelente en la creación de atmósferas. Bajo la batuta del director, no todas las actuaciones resultan creíbles ni eficaces en su intensidad: se echa de menos decir el verso con mayores ritmo y convencimiento, especialmente por parte de Mikel Arostegui, cuyo físico exhibido no basta para salvar su personaje tan central. Se integran músicas (Don Giovanni) y alusiones a versiones posteriores que aportan algo de variedad a la densidad de este montaje.
Tras la herencia de versiones memorables (Marsillach, Narros, incluso Facal), esta reinterpretación se añade al catálogo contemporáneo de Donjuanes que van reconstruyendo el mito con adiciones nunca desdeñables. El texto de Tirso permanece poderoso en su eternidad y belleza dramática, tan español y tan universal.
Lo mejor:
Los efectos escénicos y la iluminación.
Lo peor:
La dicción del verso, sobre todo en Don Juan, y un diseño escénico monótono.
Reparto
Jonás Alonso: Anfriso / Ripio / Criado
Miguel Ángel Amor: Duque Octavio
Cristina Arias: Isabela / Belisa
Mikel Arostegui Tolivar: Don Juan
Rafa Castejón: Don Gonzalo de Ulloa
Antonio Comas: Rey de Castilla / Rey de Nápoles / Músico / Criado
Alba Enríquez: Arminta
Lara Grube: Doña Ana / Mujer
Álvaro de Juan: Marqués de la Mota / Soldado
Arturo Querejeta: Padre de Don Juan / Embajador Don Pedro Tenorio
Isabel Rodes: Tisbea
David Soto Giganto: Batricio / Criado
Jorge Varandela: Catalinón
Equipo
Escenografía
Max Glaenzel
Iluminación
Juan Gómez Cornejo
Vestuario
Marian García Milla
Asesor de verso
Vicente Fuentes
Sonido
Mariano García
Ayudante de dirección
Jorge Gonzalo
Ayudante de escenografía
Paula Castellano
Ayudantes de iluminación
David Hortelano y Víctor Longás
Ayudante de vestuario
Emi Ecay
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