EL ENCANTO DE UNA HORA
Autor
Jacinto Benavente
Dirección
Carlos Tuñón
Producción
Los números imaginarios
Confieso que he vivido.
Los títulos, en su afán de concreción simbólica, pecan a veces de polisemia. En este caso, el autor decidió que durante una hora se produjera un imposible encanto mediante el cual dos figuritas de porcelana que habían permanecido juntas cobraran vida y pudieran por fin comunicarse. Cada una de ellas pertenece a épocas y estéticas diferentes y habla con su propio estilo.
Jacinto Benavente, denostado por las élites oficiales de la actualidad, firma en su juventud este texto que “en su fragilidad no se podrá representar”. El autor estuvo entonces en el centro de muchas polémicas y ahora, en el centenario de la concesión del Nobel, se opta por llevar a escena esta obra pequeña y muy concentrada, como un perfume, y decir las seis páginas del texto en su totalidad. Brinda un homenaje a la vejez que nos toca e incomoda. Son dos personajes con cinco presencias que ofrecen la posibilidad de valorar el instante, tan fugaz que hay que detenerse ante él. Se plantea la diatriba entre la inactividad segura o la arriesgada opción de lanzarse a la vida. Los personajes se desplazan entre los dos extremos de su posible acción corriendo el riesgo de quebrarse.
Carlos Tuñón dirige este montaje cuya escenografía envuelve la acción en una época muy posterior a 1892, cuando el texto se escribió. Desfilan músicas de muy variados momentos y los personajes visten y se expresan según sus respectivas épocas. Tras una fiesta el encantamiento se produce y la acción se desencadena. Las interpretaciones de Patricia Ruz y Jesús Barranco muestran la sutileza de sus personajes y las dudas, la sorpresa, el entusiasmo y la resignación en un vaivén de emociones contenidas. Ambos dominan la voz y la expresividad y aquí lo demuestran. Hay variedad de ambientes sonoros, silencios muy narrativos, una excelente iluminación y un vestuario adecuado y atractivo en su marcada temporalidad.
Digno homenaje a un autor que merece mayor reconocimiento y atención. Aunque la obra es breve, abre un camino que interesaría explorar a pesar del intencionado olvido por parte de tantos…
Lo mejor:
La sutileza de todo el montaje.
Lo peor:
Su brevedad no permite mayor introspección.
Con: Jesús Barranco y Patricia Ruz
Diseño de espacio escénico y vestuario: Antiel Jiménez
Diseño de iluminación: Miguel Ruz Velasco
Diseño de sonido y gráficos: JUMI
Una producción de [los números imaginarios] con la participación de Bella Batalla y Teatro de La Abadía
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