THE PRODUCERS
Libreto
Mel Brooks y Thomas Meehan
Dirección
Ángel Llacèr y Manu Guix
Coreografía
Miryam Beneditem
Keep it gay.
El musical más premiado de la historia recala durante diez semanas en Madrid tras décadas de rodaje por escenarios internacionales. La película de 1967 obtuvo un Oscar al mejor guion original y Broadway presenció su estreno como musical en 2001. Avalado por la firma de Mel Brooks y reconocido con Tony, Grammy y Oscar, The Producers constituye un esperado estreno bien superado el ecuador de la temporada
El título en inglés, sin traducir, ya reivindica las formas anglosajonas en argumento, partitura y desarrollo escénico. Max Bialystock, productor arruinado y Leopold Bloom (ojo con el nombre), contable joven y enérgico, se alían para hacerse ricos con el dinero de sus socios capitalistas programando un gran fracaso. Se hacen con el peor guion, el peor equipo y el peor reparto y… Todo ello con gags, personajes, alusiones y el perfume nada sutil de Mel Brooks, un judío que siempre ha admitido que “Hacer que el mundo se ría de Hitler ha sido mi principal tarea en la vida.”
El elenco de una larga veintena de actores viene encabezado por Armando Pita (Max) y Ricky Mata (Leopold), cuyas contenidas y profesionales actuaciones se ven sofocadas por el mediático Ángel Llácer (Roger de Bacle) en un claro tono de comedia en el que tanto su papel como la obra están inmersos. Un cuerpo de baile numeroso completa los recursos humanos en escena, con coreografías de gusto y acabado clásicos.
El escenario cuenta con distintos planos de representación reforzados por una iluminación potente y rica en medios. La movilidad de los mismos es ágil y en general silenciosa. El sonido en un musical ha de ser una de las claves y, en ocasiones, los números corales resultan de difícil comprensión. Diez músicos en directo acompañan las letras y las voces de unas canciones que no pierden en su traducción desde la plasticidad de su inglés original. Vestuario y caracterización están a la altura de la esperada espectacularidad de la producción.
Esta comedia tiene muchos guiños desmitificadores, desde la cita más o menos velada a otros musicales históricos, hasta la caricatura extrema de personajes excéntricos muy simplificados que se dejan llevar por debilidades; todo ello envuelto por temas clásicos, música full Broadway, American way of life, lenguaje inclusivo, inevitable escalera, ingeniosas y divertidas aportaciones escénicas (brillante palomar), sobreexplotados números (el sombrero del productor), ruptura de la cuarta pared, desfiles por el patio de butacas y participación directa del público.
Propuesta necesaria en el territorio del musical en Madrid, supone un montaje muy norteamericano con medios, melodías pegadizas y nombres televisivos en el siempre agradecido ámbito de la comedia.
Lo mejor:
La partitura y las coreografías.
Lo peor:
El histrionismo de ciertas interpretaciones y la aburrida prolongación de determinadas bromas.
ELENCO:
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